January 10, 2006

Crónicas de un Vagabundeo forzado (segunda parte)

Despues de un buen letargo navideño aqui esta el desenlace

Baje al 4° piso, donde confirme lo que ya había sospechado, los 2 locales siempre están abandonados.

Consiente de dicha certeza aventure a pasar mas adelante, y di con un pasillo lleno de oficinas vacías (¿o abandonadas?).

Sea cual sea el caso presentaban escasos vestigios de una previa estancia humana, seguí mas allá y di con unas escaleras, que resultaron ser las de emergencia.

Lo curioso de esta salida emergente son dos cosas:

- Tenía en cada piso (con variados formatos) letreros que decían:

‘NO GRITE, NO CORRA’

Solo faltaba que también pusieran unos que dijeran ‘¡muera feliz!’

- Casi todas las puertas (a excepción de la que daba a la azotea) estaban firmemente atrancadas con candado (linda cosa tener que abrir candados en pleno terremoto)

Baje 2 pisos y pase con paso sigiloso el cuarto de una mucama, a la que tal vez asuste con mi repentina aparición/desaparición, me escabullí hasta el elevador y volví a mi respectivo piso, tan solo para dar con la sorpresa de que “A” aún no llegaba.

Husmeé entre las oficinas por un tiempo que estimo en 20 minutos y después volví a mi vagar, no sin algo de irritación.

Esta vez di con el estacionamiento, y contemple extraño paisaje de irracionales contrastes que ofrece la urbe.

Tan de buen humor me puso esa distracción que hasta termine cantando.

Me fui para después volver al confirmar la ausencia del celebérrimo y siempre bien ponderado “A”.

Esta vez no deje que tal insensatez perturbara mi animo, sin embargo volví para seguir viendo el paisaje, esta vez desde el ultimo piso del estacionamiento.

En el camino me encontré con el guardia que al saber el motivo que me motivaba a estar ahí, desconfío de mi persona (no es la primera vez que me miran como si fuera un ladrón) y ya en la cima de dicha construcción me encontré con palomas que hicieron lo mismo (hombre y bestias misma reacción) cuando volví al único piso con acceso al estacionamiento

Preferí ir de nuevo a las poco practicas escaleras de emergencia esta vez subí hasta el séptimo y divague un rato con detalles vagos del edificio y la ciudad.

Una vez dispuesto a partir encontré un ala de una paloma ya digerida por algún ave más grande, le arranque una pluma la cual aún conservo como trofeo a la perseverancia.

Volví una vez mas al despacho (ya no me sorprendió la ausencia de “A”) y tras conseguir dinero para el transporte público me marche para nunca mas volver.

Fin.

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